domingo, 22 de marzo de 2009

Historias De Corongo



El corazón no le daba más, no lo sentía. De tanto caminar tampoco sentía los pies, no sabía cómo seguir tratando de esconder la cara. Cada calle era un nuevo desafío. Los perros le ladraban, los odiaba, hacían que llamara la atención. Para la noche faltaba aún y eso no le ayudaba. El sol era un enemigo que en cada momento lo delataba. No tenía idea cómo fue que pudo llegar sin tener ningún problema en el camino. Caminando desde la plaza Túpac Amaru las cuadras fueron más largas que nunca, realmente estaba asustado y esa sensación le producía un nerviosismo distinto, un sobresalto diferente. No entendía que eso que sentía era el miedo, en su máxima expresión.

Bajó por la Av. Buenos Aires y dobló a la izquierda. Llegó hasta el Jr. Loreto, le faltaba una cuadra más, tenía que llegar hasta Guisse. De pronto "El Golle" le gritó, Oe.....!!!!!. Él volteó e intentó correr, pero éste lo miró y no se movió, se lo quedó mirando y no le dijo nada más. Él lo vio raro, distinto, pero era Golle, chato, gordo, cojo como siempre, parado al lado del mural de la esquina que tenía la figura de algún pandillero muerto en ese barrio. Sus miradas se cruzaron, pero no hubo ninguna reacción, así que Él siguió, no dobló por Jr. Loreto, siguió hasta Albornoz.

¿¿¿Dónde estoy??? Dijo para su interior. Sabía muy bien dónde estaba. De chico deambuló por esas calles y ya, en ese entonces, sabía que le eran prohibidas. Miró para todos lados, la gente caminaba, pasaba al lado suyo, casi se tropezaba con él. De espaldas contra la pared, miraba las esquinas. En su mundo siempre hubo cuatro esquinas y, entre esquina y esquina, siempre existió lo mismo. Él esperaba el zarpazo, podía responder hasta 3 tiros, hasta 3 podía responder, luego sería historia, pero eso tenía que ser su último recurso, esa posibilidad tendría que ser en el final.

Desafiando su hasta ahora suerte, cruzó la calle mirando al piso. Su aspecto no era distinto a los que por ahí caminaban, sus zapatos estaban sin lustrar, el Jean era oscuro y la camisa del mismo tono estaba desabotonada, como de costumbre. Se sacó la esclava de la mano derecha y la cadena con una cruz del cuello, eran sus únicos valores. Los "Guapos" por ahí suelen caminar con esos accesorios, así que eso le daba alguna jerarquía en las calles, pero también era una provocación.

La suerte lo acompañó hasta llegar a un callejón, ahí directamente se cruzó con "Julo". Tenía las manos en el bolsillo y rápidamente sacó la mano derecha y la llevó para atrás, el momento había llegado, se dijo, el sol había caído y una leve brisa, mezcla de calor, hedor y viento lo rozó, empuñó el arma y como un acto reflejo, el dedo índice se alojó en el gatillo. La madera de la culata estaba llena de transpiración y el frío del gatillo le produjo una sensación de escalofrío, de igual manera, su cuerpo estaba acostumbrado a esos momentos. Su primer disparo fue a los 14 y su bautismo en el hospital fue a los 13. El pie derecho retrocedió un paso, su torso se puso casi de perfil, tenía tres tiros, no más, no podía fallar con el primero. De pronto unos perros se trenzaron en lucha, ladridos van, mordiscones vienen, el polvo se levantó y el agua estancada en un pozo en la pista chapoteó por todos lados. El Julo se cruzó de brazos, lo miró de costado y le dijo, "ta' que eres bien cojudo ah" y se levantó la camisa y dio una vuelta, mostrando que no tenía nada de bajo de ella, lo volvió a mirar fríamente, se rió y le dijo " dónde quieres que te hagan tu mural, güevón, jajajaja", se dio vuelta y se metió al callejón.

Siguió por Albornoz hasta Marco Polo, y empezó a subir rumbo a Loreto, los perros le ladraban, la temperatura se calmaba y la noche se presentaba. El sol había quedo en el olvido pero, cuando las luces se apagan, las calles se encienden, tienen más ojos y cierta clase de gente se despierta. Por lo general no se camina solo, menos de noche, y menos que menos si estás en el barrio equivocado. Entró en la quinta, tocó la puerta y nadie le atendió, no sabía qué hacer, si salía y se quedaba en la puerta era demasiado peligroso, quedarse adentro era peor, si alguien entraba no podría correr, no había salida, ninguna de sus dos opciones le servían. Volvió a tocar más fuerte, sólo los ladridos de los perros le respondieron.

Salió, estaba en el Barrio Loreto, había caminado por los Barracones, no entendía cómo estaba vivo, una carcajada se le escapó y su cara dio una leve expresión de sonrisa, una risa nerviosa. La gente caminaba, sabía que no podía quedarse parado, llamaría mucho la atención, así que caminó, se dio el lujo de pensar en dar una vuelta de manzana, sabía que no era una buena idea, así que siguió derecho hasta la Av. Buenos Aires.

Una vez ahí se paró en un paradero de micros, haciendo que esperaba uno. No tenía un centavo en los bolsillos, no tenía identificación, era mejor salir sin ella. Las combis pasaban y él sentía que lo miraban, veía a gente que lo miraba, de costado, de reojo. Una señora pasó y lo miró de arriba a abajo, pasó un chico con la mirada perdida y El le pidió un cigarro, no le respondió, se moría por fumar uno, pero no tenía dinero.

De lejos vio a un grupo venir, se dio cuenta quienes eran, eran como seis u ocho, no podía con ellos, si corro me verán, si camino y me voy de acá me pueden ver, si me quedo acá seguro que me verán, se dijo. La única opción fue subir al micro que paraba. Tomó el micro y vio desde arriba al grupo pasar, sintió alivio, pasó delante del boletero y éste lo miró con cara rara, pero no le cobró.

El micro lo dejó en la plaza Túpac Amaru. No había cumplido su cometido, se había arriesgado en vano, no lo podía creer, pero ya estaba en su barrio, "Corongo". Ahí se sentía fuerte, pero estaba preocupado. Caminó por Miller hasta Arispe y cuando estaba llegando a Otto vio a "El Ronal" y a "El Huanco". Directamente le dijeron " Nos fuiste a buscar ¿no?...!!!". Él, antes de que estos terminen de decir la última palabra, ya había sacado su arma y le estaba apuntando en la cabeza a “El Huanco”. Estaba por gatillar, pero no lo hizo. “El Ronal” le dijo: "¿No te has dado cuenta de nada no?, Puta que eres un huevón Oe, ". "¡¡¡¿¿¿ De qué mierda quieres que me dé cuenta huevón...???!!!", contestó Él. En ese momento, a lo lejos, muy suavemente, se escuchaban las trompetas con las que empieza una canción de Héctor Lavoe, un héroe de la salsa por esos lares, y se le escuchaba cantando: 

"Pronto llegará 
El día de mi suerte,
 
sé que antes de mi muerte
 
seguro que mi suerte cambiará"

Apretó, como era su costumbre, el gatillo y le disparó directamente en la cara a El Ronal, éste se rió. Los perros del barrio se lanzaron a la pista, y empezaron a ladrar, Él no entendía nada, aún estaba sereno, pero en cualquier momento perdería ese facultad. El frío en el cuerpo lo puso tenso, miró a los costados esperando que algún amigo suyo salga en su ayuda y no vio a nadie. Había fallado el tiro, no lo podía creer, eran dos, y tenía dos tiros más, no podía fallar, "No me tengo que asustar, están lejos, no tienen armas, si no ya me hubiesen cargado", dedujo. Pateó la tierra, gritó bien fuerte una serie de insultos y se puso de costado. Su cuerpo automáticamente entraba en calor y se ponía en posición de pelea. Eran dos, si fallo de nuevo con uno al menos tendré que pelear y eso no era problema para Él, había peleado varias veces contra cinco o seis, y los había dejado en el piso medio muertos, había matado, en la calle y en la cárcel, con verduguillos, puños o pistolas, no tenía problema, así que esto no le era raro ni esquivo. 

"Esperando mi suerte quedé yo
Pero mi vida otro rumbo cogió
Sobreviviendo en una realidad
De la cual yo no podía ni escapar.
Para comer hay que buscarse el real
porque es regla en esta sociedad
A la cárcel te escribe mi amistad
No te apures que tu suerte cambiará
Oye verás".

Los perros seguían ladrando, un foco del poste de luz explotó, y a él se le escapó otro tiro. "Mierda, mierda, mierda, qué cojudo de mierda que soy" se recriminó. El Huanco y El Ronal seguían riendo. Ahí fue que vio a su gran amigo, su compadre, su aliado y soldado, cómplice y hermano, ahí estaba "El chorri".

Se conocieron en la canchita de tierra del barrio, luego asistieron juntos al colegio primario y juntos entraron al reformatorio. Sus primeros romances con las mujeres y la noche, fueron compartidos, así también como las drogas, peleas, negocios turbios y borracheras, juntos habían cocido a varios y a otros enfriado. Tenían la misma edad y los mismos gustos y la suerte, también, de caminar por el barrio y ser respetados. Él, era padrino del primero de los 6 hijos que tenía El Chorri y juntos eran los temidos del barrio.

El Chorri caminaba con dificultad, los pasos no estaban del todo coordinados, estaba borracho. “Conchasumare, qué mala suerte por mi mare", se dijo Él al ver a su amigo con pocas posibilidades de ayudarlo. Fue hasta donde estaba éste y le gritó, "¡¡¡Oe, Chorri...!!! Mira quienes están acá compare". El Chorri lo miró y le dijo " ¡¡¡Comparito...!!! Causa, putamare, no lo puedo creer, perdóname huevón, perdóname por favor", Él, no entendía nada. "Este huevas del Chorri está borracho, chasumare, bueno, qué mierda", se dijo. " Tienes a Carmencita?, dámela ya, los voy a hacer mierdas a estos dos, ya, ya, dámela ya carajo!!!". De pronto, El Chorri se arrodilló y empezó a llorar, a gritar, decía muchas cosas, y tosía, las lágrimas y la tos no le dejaban decir las cosas, su estado de ebriedad era total, golpeaba la tierra, gritaba, hundía sus manos en el polvo, golpeaba su rostro contra el piso, le pedía perdón a su amigo, a su hermano del alma, lloraba y le pedía perdón. Los perros en un estado de excitación extremo, seguían ladrando ferozmente y el escándalo en la esquina era total. "¡¡¡Chorri carajo...!!!! ¡¡¡Oe, dámela ya mierda...!!!. 

"Sufrí la parte de mi vida ya 
Sin un complejo de inferioridad
 
Por eso no me canso de esperar
Pues un día Dios a mi me ayudará. 
Y el día que eso suceda escuche usted
 
A todo el mundo yo le ayudaré
 
Porque tarde o temprano usted verá
 
Cómo el día de mi suerte llegará
 
Y ya lo verá".

Se sintió solo y desgraciado. Las gotas de sudor caían por su frente, las manos le traspiraban y tenía la boca seca. La serenidad había desaparecido, y lentamente a pasos firmes y rotundos, la desesperación entraba para apoderarse por completo de él. Apareció una pseudo sonrisa en su rostro, era una mueca macabra que no respondía a ningún sentimiento, era simplemente el reflejo de su desolación. No pasaba ningún auto, los perros seguían ladrando y la esquina había quedado casi en tinieblas. Frente a Él estaba el mural de Héctor Lavoe. Él lo miraba sonriendo y detrás de sus lentes oscuros se veía el brillo de sus ojos. Recordó las veces que bailó su música, las letras de sus canciones, las conquistas que había logrado bailando sus temas. Recordó cuando lo fue a ver a la feria del Pacifico, el día que murió y cómo en el barrio lo homenajearon. Lavoe era el ídolo del Callao, era su ídolo, y ahí estaba frente a él, siendo testigo de su destino, de su fin.

Se dio vuelta, apuntó y volvió a disparar y comprendió todo. El Ronal y El Huanco seguían ahí, se estaban riendo, lo miraban y reían, Él se sentó en la esquina, dándole la espalda al mural de su ídolo, se tiró los pelos con las dos manos, no lo podía creer. Unas lágrimas de amargura surcaron su rostro. Bajó sus manos duras y curtidas por la vida y las puso frente a sus ojos, las vio blancas, las sintió heladas, sus nudillos estaba rojos, entre sus uñas tenía restos de sangre, eran señales inequívocas de haber peleado. Los perros seguían ladrando y una calma escalofriante inundó su cuerpo. Con la mirada enterrada en el piso, se puso a recordar su vida, todo lo malo, su mala suerte, el tiempo que había perdido y el trabajo que le costó aprender a vivir sin trabajar. Todos los hechos lo condenaban, se sentía solo, como la primera noche en la cárcel, como cuando su primera novia lo dejó, se sentía solo y triste, abandonado y miserable. Era una noche de febrero del 2009. 


“Esperando la vida he de pasar
Este martirio no podré aguantar
Y pregunto hasta cuándo durará
Tal vez si lo podré sobrellevar
Si el destino me vuelve a traicionar
Te juro que no puedo fracasar
Estoy cansado de tanto esperar
Y estoy seguro que mi suerte cambiará
Pero ¿cuándo será?”







El Golle: Guillermo Pandillero Quispe, 19 años, 02/01/90 - 28/02/2009 (muerte en pelea callejera)

Julo: Julio augusto Pandillero Quispe, 28 años, 11/12/ 80 - 28/02/2009 (muerte en pelea callejera)

El Ronal: Rolando Joel alcohólico Carrión , 29 años, 09/08/79 - 28/02/2009 (muerte en pelea callejera)

El Huanco: Juan Carlos Drogadicto Rúa, 33 años, 01/02/76 - 28/02/2009 (muerte en pelea callejera)

"Él”: NN. 45 años aprox. 28/02/2009 (muerte en pelea callejera) Nadie reconoció el cadáver, se dice que todos lo conocen, pero nadie ha dicho nada.

El Chorri : Luis Gregorio Ladrón Ipanaque, 29 años 27/02/80 - 28/02/2009 (suicidio) Se presume que se quitó la vida con una pistola calibre 9mm Browning,que se encontró entre sus manos. Era cromada y de empuñadura de madera, tenía grabado el nombre de la Virgen Del Carmen de la Legua. El número de serie estaba borrado.






El tema musical fue:

"El día de mi suerte" 1973
Del Lp. "Lo Mato"
Héctor Lavoe

1 comentario:

Unknown dijo...

Ok.Bien!!! Lo primero que puedo decirte es que BIEN, Muy bien!!! :-)Está buenísima la idea, eso de tener la canción de fondo, como disparador de una situación está copado. Me gustó :D
Aunque no es mi género ni mi estilo. Me gustó. Debes solo pulir un poco la ortografía...Dile a Ross q te corrija o si quieres le digo a Pablo o veo si yo misma lo puedo hacer ¿si? .No soy tan experta como creo que Pablo o Ross lo son pero algo puedo hacer. Que bueno que escribas y que bueno que lo puedas subir aquí. Habría que asegurarse de que nadie te "afane" tus escritos ¿viste???.Yo tengo algunos escritos tmb pero no los he subido por ese tema, hay que registrarlos en propiedad intelectual.Bueno igual los mios son súper naif y más bien infantiles claro está. Es mi tópico!!!! :P
Oyeeeee me encanto leerte!!!
Oye! y las calles y toda esa data de dónde la sacaste??? está buena!!!! Yo no recuerdo esas calles :(
Beso enorme Marcoooooooooo
te quiere!
oda