Cuando uno tiene una copa de vino en la mano, lista para beberla, nuestra mente puede llegar a pronunciarse de distintas maneras. Podemos pensar que estamos por experimentar algo distinto, nuevo, sofisticado, moderno o que vamos a beber algo que está de moda, que nos relaciona de cierta manera con lo aristocrático pero que resulta interesante. También se puede pensar en lo que están bebiendo y adoptar alguna postura acorde al momento y dejarse motivar y simplemente pensar en la experiencia de aromas y sabores que estamos por disfrutar entregándonos al placer de sentirlos y disfrutarlos.
Por: Marco Del Castillo Maldonado
Cuando participamos de una Cata de Vinos, leemos o escuchamos hablar de ellas, nos comentan sobre aromas y sabores que jamás imaginaríamos que podríamos encontrar en esta bebida, es por ello que inmediatamente damos por falsa la información y tildamos de embusteros a los que pregonan dichas conceptos.
Por lo general, la persona que está frente a una cata de Vinos es un profesional del producto, es un comunicador de los mismos, un Sommelier, que se formo para ocupar dicha posición y tiene la grata función de ser quien difunda, en este caso particular hablando de vinos, esta bebida de la manera más simple y directa posible, para que todos sepan y disfruten responsablemente de su consumo.
Hacer un vino no es tarea fácil. El Enólogo es un profesional que estudio para tal caso. Ningún enólogo pretende hacer un vino malo, no hay vino malo y vino bueno, existen distintos públicos, ocasiones y formas de terminar el producto, por lo que tenemos los vinos de granel, cuyo propósito es simplemente vender un vino sumamente económico en grandes cantidades. Están los que son para todos los días con un precio accesible. Los de categoría media, que duplican el valor de los anteriores, donde encontramos cientos de etiquetas de distintas bodegas con una variedad infinita. También están los vinos de alta gama que son de un valor mayor y al final están los Grandes vinos del mundo, las etiquetas del segmento Premium, de valores exorbitantes, los que por su historia y tradición manejan cifras descomunales para el consumidor medio alejándose de toda estadística y ubicándose en un sector único y exclusivo.
Los Componentes
En la naturaleza existen distintos componentes químicos que son compartidos con otros productos, algunos con mayor o menos presencia, es así que por ejemplo que en la Uva/cepa cabernet Sauvignon esta ese aroma a Pimiento Verde muy típica pero ¿Acaso la uva tiene pimiento Verde? No, ambos vegetales comparten un mismo componente, La Pirazina, sustancia volátil ligada a la Tipicidad propia del cabernet Sauvignon, es la que sugiere que estamos frente a esa cepa. Estos compuestos que provienen mayormente de la uva, son susceptibles a liberar moléculas olorosas bajo la influencia de diversos factores biológicos, químicos, fisicoquímicos que sufre el vino desde que es sometido a su elaboración inicial, hasta el producto final.
Desde antes de sembrar las semillas, se inicia todo un proceso en el que dependiendo de la manera de conducir el viñedo, la poda, la tierra, el suelo, el sol del día, el frio de la noche, la cosecha, la vendimia, el hombre, la manera de sacar el grano de uva, de apretarlo para que se rompa, pasando por los tanques de acero inoxidable, la vinificación, fermentación en frio o no, la siembra de levaduras, el paso por barricas de roble francés o americano, el no paso por estas mismas, los meses de crianza que pueden ser años junto con el tiempo de estiba en botella, en la oscuridad de una cava con buena humedad y frio, hasta que por fin llega a al consumidor que descorcha una botella, es todo el proceso y dependiendo de ello es lo que al final tendremos en la copa.
Los sentidos
En función a la manera de hacer un vino es cómo vamos a sentirlo finalmente, cada uno de los pasos anteriormente nombrados, tienen en su mayoría una función primordial que es darle al vino su particular carácter y estilo. No es casual que una nariz entrenada en el tema pueda sentir aromas minerales que pueden ser confirmados en la boca, y de esa misma manera con muchos aromas y sabores. Para ello en ciertas ocasiones se recurre a distintos adminículos para realzar la percepción de dichos sentidos, por lo que usamos Copas, Copones, Decantadores, trasvasamos el vino, decantamos el vino, lo aireamos, enfriamos, calentamos, lo servimos a la temperatura justa y adecuada, en fin, nada de lo antes mencionado es una moda, son simplemente accesorios o recursos que usamos para disfrutar más el vino.
Una vez servido el vino en una copa, los aromas y sabores están ahí para ser disfrutados y sentidos, está en uno aventurarse en ese viaje de sensaciones que como final tiene el puerto de los placeres que iluminan el alma, que llenan de sentido la vida dándonos momentos de sublime disfrute. Con la copa en la mano uno decide si gusta experimentar o no esas sensaciones, por lo que con un olfateo podremos dar inicio a nuestra pequeña aventura llena de placer.
Un vino tinto de 10 años de edad, preparado para esa guarda y servido directamente de la botella en un vaso de cerveza a temperatura de ambiente y esta es de 40 grados, es desperdiciar lo que se está por tomar. Sentirás repulsión por esa bebida y terminaras poniéndole dos cubos de hielo, y claro, jamás podrás apreciar lo que el que hiso ese vino quiso trasmitir
La industria del vino es un negocio y como tal la idea es generar dinero pero brindándonos un producto fiel, legitimo y de calidad. Puede o no gustarnos el producto final, eso es subjetivo. Cuando hablamos de un vino hablamos de un producto que merece respeto por la manera en que fue concebido. Existe muchísimo trabajo puesto en esa copa de vino como para tildar de falso a lo que de ellas se dicen, es por eso que invito a todos a que se permitan la posibilidad de sentirlo y hagan la prueba, recurran a su memoria olfativa y gustativa y traten de encontrar aromas y sabores, pero sobre todo, disfruten del placer de beberlo.
Marco Del Castillo Maldonado.
Bs. As. 22 de Septiembre del 2010.




